Ya no recuerdo la última carta que no te empecé pidiéndote disculpas, esta vez por mi ausencia, por no aparecer en ese día señalado, por no ponerte mis notas de triste comparsa en carnavales, por parecer que me olvide de ti cuando no es la verdad, cuando te tengo clavada en las profundidades de mi alma,... bueno, tal vez eso no importe, puede que incluso hasta para ti sea mejor así y no tener que abrir esta ventana sea lo que quieres.
Hoy ya es 12 de marzo, y hoy te escribo como payaso, como bufón de chirigota callejera que todavía le araña minutos al maldito calvario de la Cuaresma suspirando cuarentas de febrero por mucho que el calendario se empeñe en ponerle solo 28 días, pero te escribo como payaso triste digno de ópera trágica de Leoncavallo, aquel Canio que cantaba: "Ridi, Pagliaccio, sul tuo amore infranto. Ridi del duol que t'awelena il cuor". Payaso triste de cumpleaños infelices, de esos 11 de marzos marchitos, de esos "holas" vacíos de respuesta que ya no encuentro cada vez que te saludo, de no saber ni escuchar palabras de ti; payaso descolorido de primaveras teñidas en grises, pero payaso al fin y al cabo que no quiere dejar de serlo, porque por amor se hacen muchas locuras, algunas hasta como no volver a amar a nadie que no sea ella para siempre.
Quizás por eso te escriba hoy, porque no quiero mendigarte un felicidades que no se recuerde, porque no quiero ponerte en compromiso. Ya no son mis onces de marzo ni aquellos catorces de febrero los que debes recordar, por más que me resigne a pensarlo es así. Los colores del cielo, la clara luz y el calor de unas velas sopladas al cariño de tu amada corresponden a otra persona a la cual solo tengo que dar gracias por cumplir lo que yo siempre he pedido para ti: que te hagan feliz.
A mí solo me quedan mis letras, el consuelo de recordar que un pasodoble que comienza con un "Te conocí en carnavales" y que ya te presenté me seguirá recordando que cuando me suba a unas tablas a cantar bajo el disfraz de la alegría del carnaval se esconde la tragicomedia de un amor, de alguien que debe aprender a perder porque las princesas no son para los feos, pero que una simple palabra tuya le basta para insuflarle vida.
PD: ironías de la vida, este pasadoble del último vídeo lo escribe alguien a quien dicen que me parezco, no solo físicamente sino en mi manera de escribir cuando a mí sinceramente él me recuerda a ese hombre que nunca seré yo.
Te quiere siempre.
Alonso