Cuando oímos la palabra siempre sabemos que es una palabra que implica tiempo.
A veces con las palabras se puede jugar, y a uno de los que juega con ellas le oí una vez cantarle al tiempo y con él al amor, y me di cuenta de que por muy bella que sea una letra no por ello va a llevar razón: en ella decía que no dura siempre el amor y que si dura se marchita al igual que las noches más bonitas duran un amanecer.
Eso no es así. Cuando el amor es verdadero es como el tiempo, dura para siempre y nunca se apaga. Y cuando se quiere a alguien a ese alguien se le quiere hasta las últimas consecuencias, porque aunque a veces el amor pueda doler es un dolor tan dulce, como diría Santa Teresa de Ávila, que no se quiere vivir sin él.
Cuando se quiere se quiere en todos los momentos, porque el amor no lo hacen solo los buenos momentos, también es saber compartir y seguir en lo malo e incluso hacerse más fuerte en las dificultades. Incluso en el infierno.
Y si llegara el momento de que uno de los dos corazones quisiese dejar de latir por el otro, el amor hace que el de la otra persona lata más fuerte por los dos, porque es algo como montar en bici, nunca se olvida, dura para siempre.
Sé que estas cosas muchas veces te las he explicado cuando preguntas por qué puedo llegar a quererte, por qué llegar a sentir eso por alguien a quien nunca se ha visto, pero al fin y al cabo cuando nos enamoramos no elegimos a alguien que lleve con nosotros desde que nacemos, lo hacemos de una persona a la que cuando la conocemos por primera vez sabemos que es la ideal… Al fin y al cabo existen historias reales de personas que se han llegado a enamorar sin siquiera llegar a ver a la otra persona.
Por todo ello quiero que sepas que pase lo que pase, yo siempre estaré contigo, y aunque en mis deseos esté la idea de que eso fuera estando junto a ti, pienso que eso es coartar tu libertad porque estas cosas no son cosa de uno… son cosa de dos.
Por todo ello te quiero.
Alonso
11 de abril de 2011

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