lunes, 4 de julio de 2011

Volver a empezar

Terminaron las clases y los exámenes por lo que se puede decir que para nosotros ya ha comenzado el verano y ha terminado el curso. Un curso que este año ha sido de locos.

Ya septiembre me avisaba de que las cosas no iban a ir del todo bien este curso: debía recuperar esa típica asignatura que se atraganta por motivos no académicos. Luego vinieron las clases y todo pareció marchar bien hasta enero… y ahí todo parecía volverse en mi contra.
Todo apuntaba a que iba a ser un mal año pero llegó febrero con sus carnavales, y mientras unos se quitaban su mascará descubriendo el verdadero rostro que ocultaban tras ellas, yo descubría la alegría y la felicidad de los carnavales de tu mano.

Lo que nunca llegué a adivinar es que la Cuaresma y la Semana Santa me iban a traer mi propia penitencia, Calvario de dolor y lágrimas, de Judas dispuestos a traicionar por su propio egoísmo no sin antes buscar hacer el mayor daño posible. Si esto hubiera pasado otro año, no sé si podría haber podido aguantarlo, pero esta vez estabas tú y todo daba igual. Agarraste mi cruz y no te importó ayudármela a llevar.

Y así contigo entré en una nueva primavera, dispuesto a volver a sonreír. Todo volvía a florecer, la luz se asomaba de nuevo y me sentía con ganas de sacudirme el polvo del suelo para seguir caminando de tu mano.

Terminó entonces el curso, un curso en el que si bien en la facultad no he aprendido nada, la vida sí me ha dado duras pero valiosas lecciones.

Ahora llega el verano. Pero el verano ahora también será diferente. Sabía y me he mentalizado en que no estarías, pero me cuesta y me entristece pensar que cuando lleguen las tardes y abra mi ventana tú no estarás  al otro lado y yo, como dijo un poeta, sin saber cómo pasas las horas cuando yo no esté, si te acordarás de mí y si es así cuanto te consumes por volverme a ver.
Nos toca ahora esperar a septiembre, a que el curso vuelva a empezar. Ya decía Shakespeare que el tiempo es lento para los que esperan, pero no me importa esperar aunque sea hasta la eternidad si  sé que después te volveré a ver.

Ya te dije una vez que las despedías no son fáciles. Por eso no te digo adiós, porque esto no es una despedida. Aquí seguiré estando a mi lado de esta ventana, abriéndola de vez en cuando para que sus bisagras no se oxiden y cuidándola para cuando tú vuelvas la encuentres igual de bonita que ahora.

“Ya sé cual es tu ventana
por si se abre algún día,
la luz de cada mañana
se meta en tu cama y te dé la alegría;
y con las manos vacías
abras la que yo sabía que fue tu ventana.”

Y cuando la abras aquí me encontrarás para darte la bienvenida y volver a empezar otro curso de tu mano.

Que pases un feliz verano. Pensaré mucho en ti esté donde esté, ya sea viendo la profundidad de tus ojos en el mar o escuchando cualquier canción de las que me recuerdan a ti.

Te echaré mucho de menos. Nos vemos en septiembre.

Te quiero.

Alonso

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