Mis noches se hacen eternas cuando tú no estás y últimamente
mis noches se convierten en días y mis días en noches…
Cuando oscurece mis fantasmas salen del fondo de mí y no me
dejan dormir: me paseo, me intento distraer, leo, escribo, compongo,… hago todo
lo posible por no escucharlos pero ellos siguen ahí. Y no los puedo echar
porque no puedo abrir esta ventana, ya no tengo la llave ni la fuerza, se ha
quedado atascada…
Solo cuando amanece, precisamente en los momentos en los que
más te recuerdo, en los que más recuerdo cómo te conocí, en los que más me
duele tu distancia, es cuando el sueño me vence y entre lágrimas me acabo
durmiendo.
Lloro porque todo esto es muy duro, se me hace cuesta
arriba,… Pensaba que en este año algo podía cambiar pero si algo ha cambiado ha
sido a peor. Porque no hay nada más difícil que ver como poco a poco la persona
que amas se va alejando de ti, como te va olvidando,..
Te veo, todavía te sigo viendo, pero distante. Cada día que
me asomo a nuestra ventana es una batalla, cada día que te veo ahí ansío
hablarte, decirte todo lo que te quiero, decirte cuanto sufro, cuanto lloro,
cuanto supone para mí todo… Pero a la vez me invade el miedo: ese que le he
cogido a la frialdad con la que me recibes, miedo a que me hables con
monosílabos, el miedo a que otra vez vuelvas a estar ocupada como cada vez que
te hablo, el miedo a que te entren las prisas y te tengas que ir, el miedo a
pensar que cada día que te hablo pudiera ser el último. El miedo, mejor dicho,
el terror a que me algún día me digas que te olvide, que todo ha terminado y
que ya para ti no soy ni he sido nunca nada…
¿Y es eso verdad? ¿Es que todo no ha sido nada? ¿Acaso el
cuento se ha acabado?
Son preguntas que le hago al Cielo y todo parece indicarme
que sí: ya no hay más amaneceres, ya no hay más sonrisas, ya no te noto ese
odio que solo nosotros nos teníamos,… y ya parece ser que el tren nunca más
volverá a ser esa limpia puntada que cose el roto de las distancias porque la
cicatriz de tu marcha hará que me desangre hasta morir…
Y siempre me repito lo mismo: necesité 22 eternos años para
conocerte, apenas 2 largos días para amarte, ¿y ahora?, ahora se me presenta
que en 2 o tal vez menos cortísimos años me obligan a perderte. Que injusticia…
Y qué ironía. Siempre una historia de 2…
Pero yo me niego, me niego a todo, me niego a que el destino
haya jugado así conmigo, me niego a que seamos juguetitos en manos de Dios, y
si me tengo que revelar ante Él, que más me da ser un ángel caído. Él no
entiende de nada aunque piense que sí, pero si no tiene pecados es porque no ha
encontrado a su compañera, a alguien por quien luchar, a alguien por quien
morir,…
Ya lo dije una vez que aunque uno de los dos corazones
dejase de latir, el otro lo haría por los dos, y así será, así lo firmo y así
lo escribo, que el mío lo seguirá haciendo, aunque tenga que usar el doble de
fuerza, aunque un día sé que morirá de agotamiento, aunque un día se vaya al
infierno solo, pero lo prefiero antes que nada.
Será entonces cuando desde mi infierno te escriba cartas y
aunque esté solo, igualmente me cuidarán la libertad y la esperanza como en
nuestra canción.
La libertad que tú me enseñaste y la esperanza que siempre
mantendré.
Lo que no sé es que si las cosas que desde aquí te escriba a
ti te llegarán, porque en el Cielo poco querrán saber del infierno…
El cuento no se ha acabado.
Lo siento.
Aun me quedan muchas páginas por escribir, y cuando se
acaben no me importará escribir en el suelo, en las paredes, en la arena, en la
nieve, en mi piel... y si no quedase tinta no importaría, porque quedaría
grabado a fuego y sangre.
(Sé que no es lo que tú quieres, pero ya sabes lo testarudo
que a veces puedo ser).

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