sábado, 30 de junio de 2012

¿Se acabó el cuento...?


     Mis noches se hacen eternas cuando tú no estás y últimamente mis noches se convierten en días y mis días en noches…
     Cuando oscurece mis fantasmas salen del fondo de mí y no me dejan dormir: me paseo, me intento distraer, leo, escribo, compongo,… hago todo lo posible por no escucharlos pero ellos siguen ahí. Y no los puedo echar porque no puedo abrir esta ventana, ya no tengo la llave ni la fuerza, se ha quedado atascada…
     Solo cuando amanece, precisamente en los momentos en los que más te recuerdo, en los que más recuerdo cómo te conocí, en los que más me duele tu distancia, es cuando el sueño me vence y entre lágrimas me acabo durmiendo.
     Lloro porque todo esto es muy duro, se me hace cuesta arriba,… Pensaba que en este año algo podía cambiar pero si algo ha cambiado ha sido a peor. Porque no hay nada más difícil que ver como poco a poco la persona que amas se va alejando de ti, como te va olvidando,..
     Te veo, todavía te sigo viendo, pero distante. Cada día que me asomo a nuestra ventana es una batalla, cada día que te veo ahí ansío hablarte, decirte todo lo que te quiero, decirte cuanto sufro, cuanto lloro, cuanto supone para mí todo… Pero a la vez me invade el miedo: ese que le he cogido a la frialdad con la que me recibes, miedo a que me hables con monosílabos, el miedo a que otra vez vuelvas a estar ocupada como cada vez que te hablo, el miedo a que te entren las prisas y te tengas que ir, el miedo a pensar que cada día que te hablo pudiera ser el último. El miedo, mejor dicho, el terror a que me algún día me digas que te olvide, que todo ha terminado y que ya para ti no soy ni he sido nunca nada…

     ¿Y es eso verdad? ¿Es que todo no ha sido nada? ¿Acaso el cuento se ha acabado?
     Son preguntas que le hago al Cielo y todo parece indicarme que sí: ya no hay más amaneceres, ya no hay más sonrisas, ya no te noto ese odio que solo nosotros nos teníamos,… y ya parece ser que el tren nunca más volverá a ser esa limpia puntada que cose el roto de las distancias porque la cicatriz de tu marcha hará que me desangre hasta morir…
     Y siempre me repito lo mismo: necesité 22 eternos años para conocerte, apenas 2 largos días para amarte, ¿y ahora?, ahora se me presenta que en 2 o tal vez menos cortísimos años me obligan a perderte. Que injusticia… Y qué ironía. Siempre una historia de 2…

     Pero yo me niego, me niego a todo, me niego a que el destino haya jugado así conmigo, me niego a que seamos juguetitos en manos de Dios, y si me tengo que revelar ante Él, que más me da ser un ángel caído. Él no entiende de nada aunque piense que sí, pero si no tiene pecados es porque no ha encontrado a su compañera, a alguien por quien luchar, a alguien por quien morir,…
     Ya lo dije una vez que aunque uno de los dos corazones dejase de latir, el otro lo haría por los dos, y así será, así lo firmo y así lo escribo, que el mío lo seguirá haciendo, aunque tenga que usar el doble de fuerza, aunque un día sé que morirá de agotamiento, aunque un día se vaya al infierno solo, pero lo prefiero antes que nada.
     Será entonces cuando desde mi infierno te escriba cartas y aunque esté solo, igualmente me cuidarán la libertad y la esperanza como en nuestra canción.
     La libertad que tú me enseñaste y la esperanza que siempre mantendré.
     Lo que no sé es que si las cosas que desde aquí te escriba a ti te llegarán, porque en el Cielo poco querrán saber del infierno…
 
El cuento no se ha acabado.
Lo siento.
Aun me quedan muchas páginas por escribir, y cuando se acaben no me importará escribir en el suelo, en las paredes, en la arena, en la nieve, en mi piel... y si no quedase tinta no importaría, porque quedaría grabado a fuego y sangre.
(Sé que no es lo que tú quieres, pero ya sabes lo testarudo que a veces puedo ser).

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