domingo, 29 de mayo de 2011

Cuando tus sueños te hagan llorar

Una conquista…
Una conquista conlleva muchos esfuerzos. Necesita de héroes que sean capaces de llevarla a cabo. Conlleva sacrificios, valor y capacidad para afrontar todos los miedos. Y quizás el miedo es el mayor enemigo al que enfrentarse porque el miedo no lo producen los enemigos…
Bajo el grabado número 43 de la serie de Los Caprichos, Francisco de Goya dejó escrita una frase: “El sueño de la razón produce monstruos”.
Pero, ¿qué tiene que ver eso con un capricho?
Todo.
La razón es algo caprichoso y cambiante: lo mismo puede ser el mayor don del ser humano pero a la vez ser nuestro mayor castigo. Porque es la razón la que produce esos miedos. Y es ahí cuando nuestra razón produce esos monstruos gigantes, titánicos.

Pero yo, que no soy ningún héroe, ya que como escuché decir hace poco héroes son quienes son capaces de derribar toda clase de gigantes, hace poco sufrí una mala jugada de mi razón que creó unos monstruos que aun atemorizan mi mente.
Tuve una pesadilla.
Soñé que llegaba ese día esperado en esa estación. Arribaba el tren que me llevaba a mi destino con la ilusión por equipaje y la timidez del primer encuentro por compañera de viaje, pero sin perder nada de la sonrisa que habías logrado ponerme en mi cara. Pero esa sonrisa pronto se tornó en incertidumbre, miedo y llanto: pasaban los minutos y las horas pero no te veía llegar, anochecía y me quedaba esperando solo en aquella estación que ahora se me antojaba fría y cuando ya perdía la esperanza de que vinieras a recogerme regresaba a casa, con mi equipaje perdido en algún lugar y con otra compañera llamada soledad. Y ya en casa te buscaba, buscaba respuestas, pero no volvía a saber nada más de ti…
Me desperté justo a tiempo de no saber el final, con lágrimas en los ojos y el corazón sobrecogido.
Un sueño, un maldito mal sueño, me hizo llorar y me metió el miedo en el alma, un miedo diferente del que siempre hemos hablado, un miedo que yo nunca había sentido: impotencia, rabia, terror, debilidad, desamparo,… son palabras que lo describen, un miedo al que si lo miras a los ojos es capaz de paralizarte.
Aun así tú intentas tranquilizarme, me convenciste de que sólo era una pesadilla. Y poco a poco haces que lo vaya superando contigo, encerrando ese miedo en mi mente.
Pero todavía sigue existiendo en mis recuerdos para reaparecer cuando menos me lo espero, por lo que para poder acabar con él solo te pido una cosa: prométeme que no dejarás que esa pesadilla se cumpla y así nuestra conquista llegará a buen puerto.

Mis sueños me hicieron llorar y tú estuviste a mi lado. Es por ello y por nuestro particular “odio” que cuando tus sueños te hagan llorar yo también estaré junto a ti.

Alonso
6 de marzo de 2011

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