Para llegar a ese arco iris, para que ese arco iris exista tiene que llover, y como se suele decir, no siempre llueve a gusto de todos. Para poder ver ese arco iris lo primero es evaporar las gotas de temor, y convertirnos en el león, un león valiente que ya no quiere ser cobarde nunca más… y es que la valentía no existiría sin existir la cobardía…pues una vez escuché que los valientes son valientes hasta que los cobardes quieren. ¿Y si nosotros somos nosotros simplemente? En esta historia no hay cobardes, ni valientes… sólo dos personas sencillas, conociéndose y descubriendo un nuevo mundo juntos. Conquistándolo. Nuestros soldados son las palabras. Algunas pueden hacer daño, pero otras son capaces de salvarte incluso cuando has caído en lo más profundo. Conquistadores de tierras diferentes, pero unidos en la conquista de la misma tierra… no para rifársela, sino para compartirla juntos. Poder construir en ella unos nuevos cimientos de algo que es capaz de extenderse hasta lo inimaginable…
Y es que los sentimientos no tienen un tamaño determinado… pueden ocupar más incluso que un país entero… ellos arrasan con todo y conquistan incluso más de lo que soñó conquistar Alejandro Magno…
De mi jardín, de mi tierra, ya estoy arrancando las malas hierbas, para poder dejar crecer las más preciosas flores llenas de sentimientos que mi corazón cada día, latiendo junto al tuyo, va regando poco a poco…
Confío y espero que crezcan tanto como las habichuelas mágicas del cuento, y que no se partan sus tallos nunca… pues el día que lo hagan caerán encima de muchas casas ya construidas en nuestra conquista, en nuestra tierra…
Por suerte… los brotes están creciendo sanos, bañados por el sol y por la felicidad del momento…
Dulcinea
5 de marzo de 2011

No hay comentarios:
Publicar un comentario