viernes, 27 de mayo de 2011

Molinos de viento

Locura…
Quizás esa sea la palabra que defina todo esto, pero como diría el gran Salvador Dali, la diferencia entre un loco y nosotros es que nosotros no estamos locos. ¿O tal vez sí?
No lo sé, pero si es así, bendita locura…
Y todo en apenas una noche. Yo cual caballero andante, pero sin brillante armadura que cubriera mi alma, despojado de vida, errante en una noche que en mi soledad se antojaba infinita como el horizonte, caminaba sin rumbo por un desierto vacío de almas. Dulce pena la mía, hasta que te vi… y sí, todo cambió.
Buscando algún espejismo entre todo aquello, algún sitio donde clavar la mirada y encontrar simplemente unos ojos cómplices dispuestos a compartir historias, no sé cómo pero algo me llamó la atención y me lancé…
Solo una persona, pero a mí se me antojo un reto enorme, casi como enfrentarme a tres diestros espadachines cual novela de Alejandro Dumas. Pero no hube de pelear mucho.
Te hable.
Me hablaste.
Daba comienzo a una historia digna de novelarse, pero que era real ¿o no?
Eso le preguntaba mi cabeza a mi corazón. Pero al revés que en la historia, mientras mi corazón sin nada que perder veía inofensivos molinos, mi mente cual pequeño Sancho me decía que no, que serían peligrosos gigantes en cuya lucha yo resultaría dañado.
Pero no fue así, y la locura ganó a la razón. Amaneció y descubrí mucho más, sobre todo que tal vez eso del destino no sea un cuento de hadas.
Sea lo que sea, locura o no, acallemos por un momento a la razón y hable el alma a veces tan silenciada.



Alonso
17 de febrero de 2011

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