Dicen que tenemos que cargar con todo el peso de nuestra alma cuando no somos capaces de hacerla soñar…
La mía hoy habla… Hoy se ilusiona y sobre todo: sueña.
Sueña con volar lejos, cual pequeño pájaro batiendo sus alas, buscando una rama para posarse. Sueña con recorrer los kilómetros que hagan falta para encontrarse con una mezquita iluminada por la señora de la noche con su manto de estrellas.
Sueña con recorrer las calles bajo la lluvia, sintiéndose viva..
Y sueña con caminar con otra alma hasta poder ver esa bola de fuego que se eleva en el cielo en uno de sus más bellos momentos, cogidas de la mano…
Tímidas, asustadas, pero esperanzadas e ilusionadas son estas almas que hoy intentan desnudarse con palabras. Y sobre todo tratan de soñar una a la vera de la otra. Porque.. ¿cuánto puede pesar tu alma cuando no deja de soñar? Nada. Absolutamente nada. Porque si tu alma sueña se refleja en ti, en tu rostro, en esa sonrisa que se te escapa cuando ni si quiera tiene sentido y, sobre todo, en esas maravillosas locuras que hoy nos roban el sueño hasta altas horas de la madrugada. En esos momentos, no soñamos nosotros, sueñan nuestras almas.
Hoy el alma y el corazón le ganaron la batalla a la razón, cual caballero que defiende a su rey por muchos villanos que quieran atacarle, poniendo todo su empeño en que no resulte herido.
Una vez ganada la batalla contra la razón, tanto alma como corazón están desprotegidos, aunque no saben por qué pero no sienten miedo. Sienten calma y, por ello, desean gritar que pase lo que pase se seguirán desnudando y nunca más se quedarán en silencio…
Esta locura continua.. pero como un maravilloso caballero con su brillante alma dice: bendita locura…
Dulcinea
18 de febrero de 2011

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