miércoles, 1 de junio de 2011

Pregúntale a Dios

¿Qué quieres que yo te diga? Yo tampoco sé las respuestas a todo ello y por más que las busque creo que no las podré encontrar, y solo Dios creo que las sabrá.

Pregúntale a Él como yo he hecho esta semana. Porque lo miré este Martes Santo, lo miré a los ojos cuando iba preso y cautivo. Le pedí comprensión porque como Él en esos momentos yo también me sentía abandonado por quienes creía cercanos a mí y atado de pies y manos sin poder hacer nada salvo llorar y resignarme a sufrir. Y también le pregunté el por qué de todo esto cuando yo solo quería escribir una sencilla historia de dos, le pedí explicaciones de por qué había cambiado el guión y habían tenido que entrar tantos personajes secundarios a enredarlo todo cuando era feliz tal y como estaba… Pero solo encontré silencio.

Ante ello quise enfadarme, quise tirarlo todo y renunciar a ser nada porque solo veía un final que no me gustaba, pero de repente sentí algo y aunque a ello no encontré respuesta algo en mi interior me hablaba y hoy me sigue hablando: ese algo me pide que no tire la toalla y siga escribiendo ahora más que nunca que tengo la oportunidad de volver a hacerlo, me dice que en mi vida soy el único actor y que ninguna voluntad por más que quiera podrá cambiarlo.

Y sobre todo me pide que sea fuerte no solo por mí sino por los dos, porque ya te dije que en los malos momentos es donde se notan los verdaderos sentimientos y por más que el viento, la lluvia, el granizo, las sequías, el frío o el calor se lo han propuesto o se lo quieran proponer he sabido construir un invernadero donde seguir cuidando ese jardín y protegerlo de mis demonios.

Nunca te he quitado la razón a que esto fuera una locura y tal vez la vuelvas a llevar cuando dices que es una locura que duele porque a mi también me ha pasado factura. Pero ahora que sabemos que quienes creían ganar se han equivocado y que ahora volvemos, o mejor dicho, nunca dejamos de estar juntos, ya no tendremos que estar mal.

Aquí estoy, he vuelto a tu ventana aunque nunca dejé de estar contigo, y si esto sigue siendo tanta locura y por más que duela, ahí seguiré, no quiero curarme ni habrá psiquiatra que lo logre porque:

“Como tú se llama mi locura y a mí razón se impone, quererte y no quererte, tenerte y perderte, bendita locura que no tiene cura, locura de amor, locura de amores”
PD: Yo también te he echado mucho de menos

Alonso
26 de abril de 2011

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