Nuevamente no hay nada que perdonar. Ambos sabemos que las despedidas no son fáciles. Es un momento que aunque desde el día que nos conocimos sabíamos que llegaría, nos da miedo afrontarlo.
Tal vez el que sea bastante positivo en estos momentos sea yo: si tanto miedo nos da la despedida es porque no queremos que llegue nunca, porque disfrutamos de la compañía del otro, porque nos sentimos bien, y quizás por ello lo mejor de esta despedida es que como siempre tras ella habrá un reencuentro. En fin, como se suele decir todo depende del color con el que se mire y en mi caso últimamente se ha tornado en un azul claro como un cielo abierto, y es que dos proyectos ilusionantes están cobrando forma y además dos proyectos que para mí tenían mucho de especial porque tienen que ver con exteriorizar mis sentimientos e intentar traducirlos en algo que pueda llegar a la gente: uno ya lo conoces y tiene que ver con esa pasión, una de esas muchas tantas que compartimos, hasta el punto de que nos gustaría llevarla grabada en nuestra piel.
El otro, el otro es mucho más especial y ya se ha hecho realidad. Y es que hay despedidas que son buenas.
Hace tiempo abrimos un especio especial, un espacio donde expresarnos, donde abrir nuestros corazones al otro, eso que cariñosamente siempre hemos llamado nuestra ventana, pero que más que una ventana es una pequeña gran habitación en la que archivar esos pensamientos, pensamiento a los que pusimos su propia banda sonora y le hemos ido dando color de manera que poco a poco lo hemos convertido en un pequeño museo donde el arte de Dalí, Rembrandt, Rodin, Friedrich, Goya, Klimt, Monet, Miguel Ángel, y tantos otros grandes artistas han ilustrado unas palabras que, por qué no decirlo también tienen algo de artístico porque el arte al fin y al cabo es eso, una creación de la mente, una expresión de sus sentimientos.
Sin embargo las ganas de empezar aquello tan emocionante (y tan nuevo para mí) hizo que aquel primer espacio no fuera del todo como nosotros querríamos. Nuestras aportaciones hacían que quedara bonito, sí, pero pensamos que quizás trasladado a otro lugar estaría mucho mejor.
En principio quise que fuera una sorpresa que darte tras el verano, sin embargo acabamos trabajando en él juntos y quizás eso haya hecho que quedara mucho más bello, y es que mientras yo lo fui construyendo, tú le diste color y lo decoraste, ambos lo bautizamos dándole un bonito nombre y poco a poco fuimos trasladando nuestros recuerdos a su nuevo hogar donde se quedarán guardados junto a los nuevos que quedan por llegar, sin que nos deba preocupar mancharla de tristeza o de miedos junto a la alegría y el color.
Porque en el fondo, este mismo lugar como tú bien dices, nos traerá los mejores recuerdos, nos llenará de felicidad verlo seguir adelante y crecer y ver que es testimonio y será recuerdo de lo que estamos viviendo.
“Mi diario está en mi piel,
allí puedes leer el guión,
de la obra de mi existir,
de victorias, derrotas y amor.
Despedidas a alguna canción”
Alonso

Mejor no dejarlo en recuerdos que suena a olvido. Mejor dejarlo en preciosos momentos vividos (y por vivir)
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