jueves, 18 de agosto de 2011

Por la boca muere el pez


Lamento otra vez quitarte la vez, pero desgraciadamente siempre soy yo el que tiene que escribir para pedir perdón…

Al igual que por la boca muere el pez, lo mismo me ocurre a mí, porque este Alonso no es como el de la novela de Cervantes:

Este Alonso además de loco es un loco torpe, un loco al que le pierde su boca. Que cuando tiene que hablar la timidez lo deja callado y cuando tiene que callar solo sabe decir locuras que acaban comprometiendo a su Dulcinea.

Un loco torpe que es como un crío nervioso que con manos temblorosas le dan algo de valor para sostener y que por sus mismos nervios y por el miedo de romperlo se le acaba escapando de las manos y estropeándose.

Un torpe al fin y al cabo, porque ya me doy cuenta de que no es que las musas de la música no me visiten o me hayan dejado de visitar sino que yo soy tan torpe que no escucho lo que me dicen.

Un torpe que aun teniendo la mejor musa de las letras y aun sabiendo escribir cosas con cierto sentido, no por ello deja de ser un torpe incapaz de dominar las palabras, incapaz de componer y dedicarte siquiera un pequeño poema. Tan torpe que en cada cosa que escribo soy incapaz de transmitirte ni un ápice de inspiración y por tanto incapaz de darle vida a esta ventana… Y luego lo único que puedo hacer es tener que volver a escribir intentando en vano transmitir nada.

Y ahora este Alonso ha acabado consiguiendo otra vez poner en apuros a su Dulcinea en vez de portarse como un caballero y ayudarla. Ahora este Alonso ha conseguido tener que callarse sus sentimientos y saber mantener su boca cerrada, tendrá que encadenar dos palabras que le salían del corazón y pedir perdón.


PD: Creo recordar que una vez escuché que amar también es saber decir lo siento. Tal vez a partir de ahora esas dos palabras encadenadas, prohibidas, esas 8 letras, las deba sustituir por estas otras 8 letras. Lo siento. Siento ser tan bocazas y quitarte la vez (otra vez).

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