Mi querida Dulcinea:
Ante todo quiero disculparme contigo. Últimamente tú has estado muy distraída, pero sé que yo también lo he estado. La ausencia de horarios, el cambio de mi mundo, el volver a andar entre los 4 muros de la cárcel de mi silencio,…ando perdido en mis propios caminos y descuido hasta lo que más amo en el mundo. Llevo sin escribirte semanas, incluso meses, en esta ventana, y hoy que era el día ya ves que hasta esta carta se ha retrasado algunos minutos.
Pero ya ves que en un día como hoy no me iba a olvidar, no puedo, pues los 9 de noviembre también es fecha señalada en mi calendario.
Entiendo que tú tampoco desees seguir escribiendo aquí. Tal vez ni lo visites o incluso solo lo recuerdes cuando mi egoísta mente decide recordártelo. Estas paredes guardan cosas que tal vez no quieras recordar, para ti, como me dijiste cuando lo hablamos, guarda mucho dolor, en mis palabras, en lo que te escribo, en lo que al fin y al cabo siento.
Tienes razón, pero hace poco descubrí que eso no tiene por qué estar reñido con la felicidad. Schopenhauer decía que la felicidad es ausencia del dolor y como tal la felicidad era la oscuridad pues el dolor, el anhelo, el deseo, era la fuerza que mueve al ser humano, esa luz que nos ilumina. "El hombre no es nunca feliz, pero se pasa la vida corriendo en pos de algo que cree que le hace feliz. Rara vez alcanza su objetivo, y cuando lo logra solamente consigue verse desilusionado", decía.
Pero, ¿sabes qué? No en todo tiene razón, porque aunque ese deseo no alcanzado sea motivo de tristeza, aunque ponga el dolor como motor del mundo, Schopenhauer no contaba con la generosidad, con el valor, con la capacidad de sufrir de los que aman. Porque sabes las veces que te he dicho, tal vez miles, que a mí solo me importa tu felicidad y eso lleva a la mía de la mano. ¿Acaso significa que no desee que esa felicidad la encontraras conmigo? Por supuesto que no, nada soñaría más que tú felicidad la hubieras encontrado conmigo, pero sé que eso es muy difícil, que ya escogiste tu camino y que las cosas que creía que nos separaban al final no lo eran. Pero no por ello no me alegra tu felicidad. Al contrario, y tal vez por eso este dolor contrariado, habrá quien lo llame masoquismo, habrá quien crea que es un gozo en el sufrimiento ridículo, los hay que directamente me llaman estúpido, pero ellos no saben lo que es querer con el alma a una persona. Tal vez por eso solo sepa escribir de dolor y entre lágrimas resbalando por las hojas de las dagas afiladas que en cada palabra desde este averno hacen brotar como sangre mis sentimientos, quizás por eso sigo pensando que iluminas mis amaneceres aun cuando en esta casa ya no amanece desde hace más de un año, tal vez sea esa oscura luz de un claro de luna en el manto lúgubre de una noche como esta en la que te escribo, esa es mi oscura felicidad, que tal vez no llegues a entender pero que inexplicable ella sola da las razones de por qué, incluso en la distancia y en el tiempo, en mis noches o mis días, en mis encuentros y desencuentros, aun en tus silencios, aun en tus palabras silenciadas que ya no pintan de celeste los muros de lo que ya sin ti no puede ser llamado cielo, te siga amando tanto como la primera vez que lo sentí.
Quizás por eso hoy sean tan torpes estas palabras. Cada 9 de noviembre que pasa me va quedando menos que regalarte. Te he dado mis palabras y mi música, la más inútil de las poesías escritas por quien no tiene sangre de poeta pero que intentó sacar de donde pudo, ya tienes hasta mi corazón y cada noche mis pensamientos y mis sueños siguen siendo tuyos.
Y por eso hoy quiero regalarte algo que dure siempre en esta vida y en la otra si la hubiera. A mí creo que no me hará falta, Dios sabe bien que estoy en rebeldía con él. Por si no fuera bastante, hoy quiero regalarte también mi alma, no en un falso trozo de papel como en las series de ficción, yo te la regalo de verdad. No quiero que rechistes, no quiero una negativa, quiero que te la quedes para ti. Hoy puede que no te sirva, pero llegado el día quisiera que ese trocito de nada y de todo, te abra las puertas de mi pedacito de cielo, para que alguien pueda hacer uso de él, para que lo compartas con las personas que más quieres igual que yo hago contigo. A mí, ya ves que desde donde escribo no creo que me sirva.
Y no sé… puede que esto sean palabras en el aire, delirios de madrugada de un hombre enamorado que ya escribe a la luna sin saber si hay quien lo lea. Puede que pienses que son palabras atormentadas de un loco, pero ya ves, si no fuera así no me llamaría Alonso, y bien que lo sabes.
Y si como decía Schopenhauer el dolor es la luz que da la vida, quiero celebrar que tal día como hoy nació mi luz y con ella mi vida.
Feliz cumpleaños, Dulcinea, y que esa felicidad te acompañe siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario