No, no temas.
Estas palabras no van a ser de despedida, nunca lo serían, porque eso sería renunciar a todo lo conquistado.
Tienes razón en que últimamente nos estamos desviando del camino que nos marca esa brújula del corazón, pero a veces perderse implica contemplar paisajes más bellos que hacen merecer la pena desviarse sin querer. Y sobre todo merece la pena verlos porque nos damos cuenta de que luego somos capaces de reencontrar la ruta después de todo aunque se nos haga tarde y ya no tengamos tiempo para dormir, pero no por ello para dejar de soñar.
Precisamente, y aunque pueda resultar paradójico, mi sueño es poder decir un adiós.
Te preguntarás los motivos de soñar con ello, pero es fácil de explicar: Dulcinea representa el ideal de mujer, la otra mitad de mí, la chica ideal por la que luchar y morir si es necesario,… pero en el libro de Cervantes es un ideal inalcanzable, imposible,…
Yo sueño con decir adiós a esa Dulcinea y dejar de ser ese ingenuo más que ingenioso hidalgo. Sueño con que dejes de ser la persona ideal que existe en mi mente, que salgas de mis sueños, para hacerte realidad y simplemente ser nosotros, dos personas normales que desean ser felices la una junto a la otra.
Y sobre todo quiero dejar de ser ese Quijote para dejar de una vez de pelear contra Gigantes y Molinos que representan tantos miedos y dudas y para dejar atrás a ese Sancho racional que nos intenta frenar. Y más que nada en el mundo, dejar de ser Quijote y Dulcinea, Dulcinea y Quijote para que esto deje de ser de una vez por todas una bonita historia para que sea una más hermosa realidad.
A todo ello quiero decir adiós, quiero que todas esas cosas coincidan con nosotros en la estación, no para acompañarnos sino para tomar un tren hacia un lugar desconocido donde no poder encontrarlo nunca jamás.
Alonso
11 de marzo de 2011

No hay comentarios:
Publicar un comentario