viernes, 27 de mayo de 2011

Donde el corazón te lleve...

Donde el corazón te lleve, donde el corazón me lleve, donde decida llevarnos a los dos. Dejar volar nuestras almas desprovistas de equipaje y de su caparazón; más que desnudas, transparentes, y siempre cogidas de la mano.
Si nos dejamos guiar, tal vez nos conduzca a las viejas calles de una ciudad cristiana y al mismo tiempo reina mora, junto a los muros de un alcázar, lugar de un oscuro pasado de muerte y dolor, pero que a la vez recuerda la bella historia de un poeta que sufrió por un amor imposible, obligado a abandonar su destino y condenado a morir lejos de ella.
O tal vez nos lleve a un hermoso pueblo de blancas casas, junto a unas rocas que vieron perecer por amor a dos almas tan solo distanciadas por su fe, pero cuya unión, más fuerte incluso que aquellas rocas, les hizo creer más en el corazón. 
Quizás todos ellos pensaron que al fin y al cabo es un mismo cielo el que nos une más allá de cualquier diferencia o distancia.
Historias todas con final triste, de almas obligadas a separarse, ansiosas por romper unas ligaduras que no les dejaron escapar; historias que hacen pensar si no será predestinado sufrir por la libertad y aun así no encontrarla; que hacen sentir miedo y a veces hacen que se desee tomar el camino que la razón hace creer el correcto. 
Tal vez ese sea el camino más fácil, pero no el que yo quisiera tomar.
Yo, compañera, quiero ser libre, dejar volar mi alma, anestesiar mis miedos y dormirlos en lo más profundo de mi y dejar que el corazón me lleve sin pensar en las consecuencias.
Al fin y al cabo, ¿por qué hacer lo que pueda parecer correcto? ¿Por qué vivir y llorar si se puede elegir sonreír? ¿Por qué solamente soñar con esa libertad cuando es mejor luchar por ella, sacrificando si es necesario los sueños para hacerlos realidad?
En definitiva, por qué no volar y por qué no hacerlo juntos si nos une un mismo cielo; un cielo inmenso, azul, hermoso, brillante… El mismo que cada madrugada vela mi cama vacía mientras nuestras almas sueñan iluminadas a través de una ventana. 
El mismo al que cada mañana miro sonriente pensando en lo que pueda encontrar más allá si me dejo guiar hacia donde el corazón me lleve…



Alonso
20 de febrero de 2011

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