domingo, 29 de mayo de 2011

El árbol de la noche triste

En esa costa que me describes, de esa de la que conseguiste salir, es en la que yo encontré un árbol. Un árbol cuyas ramas eran cada uno de mis miedos. Pero es muy difícil talar esas ramas… aunque dicen que entre dos es más fácil. Eso es lo que espero yo, poder cortar todas esas ramas contigo. Y seguramente con esas ramas podamos construir una barca en la que serán nuestros miedos los que tengan que cargar con nosotros… y serán ellos mismo los que nos guíen hasta el comienzo de nuestro camino. Ese camino que me describiste y que también deseo. Y en ese camino, serán nuestra almas juntas las que griten a los cuatro vientos… porque si lo gritamos los dos se escuchará más lejos, y será más difícil silenciar ese eco, que espero que se repita por mucho tiempo.

Yo espero encontrar la forma de seguir a mi corazón… porque oírle, le oigo… me dice que te odia, pero con nuestro peculiar odio. Me dice que no quiere alejarse ti, al contrario, quiere verse cerca del tuyo. Me dice que eres la persona que llevo buscando toda mi vida. Y me dice que me arriesgue, que no piense en el pasado, que vea mi futuro, que lo cambie, que lo convierta en lo que yo quiero… pero mis pies se quedan parados.

En esta noche tengo una sola petición para ti: cógeme la mano y ayúdame a caminar. Ayúdame a caminar en ese camino que tú me describes… a alejarme de esa costa de la que tú consigues salir… porque ya no quiero sentirme sola nunca más… ni quiero sentir miedo de lo que siento. Sé que todo eso lo conseguiré en cuanto sienta ese abrazo que nos convertirá en algo distinto, pero algo mejor. Dos personas compartiendo lo que llevan tiempo soñando a través de una ventana. Y es que a veces los sueños vuelan mejor que las mismas aves… y los nuestros no sólo han volado lejos… sino que ya tienen fecha para hacerse realidad…

Esa estación nunca estará vacía…

Dulcinea
28 de febrero de 2011

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