sábado, 28 de mayo de 2011

La Costa del Silencio

Hay cosas en la vida que te hacen ir a la deriva y te controlan a su voluntad como si fueras un pequeño bote que apenas trata de sobrevivir en un mar de aguas turbulentas.
A mí me hicieron naufragar en un lugar oscuro y desierto, solitario, era la costa del silencio… Un lugar del que por más que se desea salir tiene algo que te atrapa, te hace caer en sus arenas movedizas colmadas por la timidez y el miedo, condenándote a que nadie pueda oír como tu interior pide ayuda por muy cerca que pase de ti…
Pero si mi boca no podía hablar, mi alma gritaba con todas sus fuerzas lanzando un desesperado alarido de socorro con la esperanza de que alguien pudiera entenderlo. Y cuando menos podía esperarlo alguien lo divisó en la lejanía.
Eras tú. Y tú viniste a despertar mi voz de aquella pesadilla.
Aun así la costa me seguía atrapando en su miedo que asfixió mis primeras palabras, pero tú no te rendiste, me lanzaste una red a la que me agarré como pude y me rescataste de allí.
A pesar de todo sabes que todavía permanecen en mi algunos miedos que superar, que todavía me falte un poco más de valor, pero sin embargo quiero que comprendas que por más que se oculte mi voz, mi corazón nunca se calla: él es el que me hace pensar en ti y en todas estas locuras, él me llevó a seguir este camino y él es el que quiere decirte esas otras palabras que aunque atrapadas en un silencio, mis manos las escriben solas en tu ventana.
Y créeme cuando te digo que él será el que hable con sus latidos cuando llegue el momento de abrazarte. Será entonces cuando el viento sople a nuestro favor y nos aleje de esa costa… Será el momento, sin mirar atrás y armado de valor, de decirte mirándote a los ojos todas las cosas que un día no me atreví y no por ello dejan de ser sinceras: que eres mi luz, mi sol en las mañanas, mi cielo, la rosa de los vientos que me orienta en la tempestad, y que tú también eres mi voz porque mi voz vive en ti, porque eres la que sabe interpretar mi alma, la que me es capaz de explicar hasta lo que parece no tener sentido…
Y quien sabe si quizás mi voz incluso se decida gritar a los cuatro vientos algo que todavía se esconde a la espera de encontrarlo contigo… siempre que quisieras acompañarme a una nueva aventura…

Alonso
27 de febrero de 2011

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