Ese sitio es el que me gustaría encontrar. Un rincón donde poder, junto a ti, disfrutar de cada uno de los sentidos de los que disponemos. Poder ver tus ojos, mirarlos, mirarnos… con esas miradas que detienen el tiempo y de las que no necesitan palabras. De esas en las que surge algo, que conectan. Una en las que cada segundo vale por mil.
Poder oler. Esos olores a jazmín y azahar. Olores que en el mes de Abril se mezclan con el incienso y la cera. Olores dignos de recordar, pero sobre todo de compartir. Esos olores junto al sonido de un río o un mar que se lleva toda la angustia pero que deja lo bueno, como rocas pesadas que su agua no puede arrastrar. Y con ello sentir..
Sentir el calor y la suavidad de una caricia. Esa caricia que se da con miedo, pero con mucha esperanza y ternura. Una caricia comparable al tacto de la seda, suave, brillante pero resistente a la vez. Para poder llegar a saborear un beso. Uno de los muchos tipos de besos que ya nos contamos… pero un beso al fin y al cabo. Húmedo, tímido, como cualquier primer beso. Pero no sería cualquier primer beso… sería el beso. Un beso esperado, pero que dependerá de la valentía de cada uno…
Pero tú llevas mucha razón en algo, mejor arriesgar, ¿no? Así que, si se diera la oportunidad de poder disfrutar así de tus sentidos, ¿por qué no hacerlo? Cometer una locura más ya no es nada…
Quién sabe, quizás gracias a ti termine de comprender lo que dijo Víctor Sierra en su frase: “Al final he comprendido que solo basta un beso para ver, que tan grande es el cielo, que tan pequeñas son las estrellas y que tan hermoso el amor...” o quizás se quede en el intento…
Yo prefiero arriesgar, pues ganaré más de lo que perderé y no me perdonaría arrepentirme después, porque estropearía esta hermosa magia que hemos logrado construir simplemente cogiéndonos de la mano…
Dulcinea
23 de febrero de 2011

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