domingo, 29 de mayo de 2011

Mago de Oz

Hace más de 100 años un escritor de cuentos infantiles llamado Lyman Frank Baum publicó un libro titulado “El maravilloso Mago de Oz”. Su fantástica historia quizás nos sirva a los dos para entender esto, porque de alguna forma, al igual que Dorothy, nosotros también nos hallamos inmersos en el Mundo de Oz buscando una forma de regresar a casa.
Así iniciamos nuestro caminar por la senda de baldosas amarillas en la que, poco a poco fuimos encontrando y descubriendo las partes que conforman nuestro yo:
Descubrimos a un espantapájaros sin cerebro, una mente cerrada en la parte de la razón pero deseosa por poder seguir a la otra mitad de esa mente, una mente abierta en la que todo tiene cabida. También a un hombre de hojalata cuyos golpes de la vida lo habían oxidado y habían roto su corazón, ya no lo podía escuchar por más que quisiera. Y por último a un león cobarde, ese león cobarde antes sus miedos y sus dudas que anhelaba tener el suficiente valor para afrontarlos.
Todos ellos se unieron a nosotros en busca de la Ciudad Esmeralda. Allí el Mago de Oz nos prometía soluciones fáciles y rápidas para todos nuestros problemas, sin darnos cuenta de que, realmente, no nos hacen falta magos para ello, porque esa magia ya está en nosotros.
Y tuvo que ser una bruja, una brujita buena del Sur, la que nos hiciera ver que todo eso ya estaba en nosotros: que nuestra mente demuestra estar más que abierta y receptiva a todo y se sabe expresar a través de estas palabras, que nuestro corazón, aunque dañado, seguía ahí latiendo y susurrándonos lo que quería, lo que deseaba, y que el valor que nos falta lo hemos ido adquiriendo a lo largo de todo este camino.
Será de esta manera como llegaremos al final del camino de baldosas amarillas, más allá del arco iris, y descubramos que nuestro hogar, ese lugar donde refugiarnos y sentir calor, está en el otro y cada día se refuerza más con esa esperanza y felicidad que un día no muy lejano lo sellará dejando fuera todo el miedo y la tristeza que arrastrábamos en nuestro viaje.

Alonso
4 de marzo de 2011

No hay comentarios:

Publicar un comentario