Hoy me han contado como son las puertas del Cielo…
Y no, en ellas no está San Pedro esperando con sus llaves para darnos paso. Ni son puertas de oro rodeadas de nubes, tampoco hay santos ni ángeles vestidos de blanco con hermosas alas,… es que ni siquiera tiene nada que ver con ese Cielo que siempre se nos ha hecho ver en nuestra imaginación desde que éramos niños…
Las puertas del Cielo son de cristal, de esas de las que se abren solas cuando vas a pasar a través de ellas como otras cualquiera de las que nos dan la entrada a cualquier tienda o edificio.
La única diferencia es lo que estará esperando tras ellas… Y tras las mías estará esperando mi Cielo, aquello por lo que querer luchar hasta el final, aquello que vislumbro a través de una ventana. Será otro tipo de ángel quien me reciba y quien me coja de la mano para acompañarla por las calles de una ciudad junto a una costa que no sin motivos llaman del Sol.
Y cuando ya atraviese esas puertas y el cristal no nos separe será cuando se obre la mayor de las magias, le regalaremos un billete solo de ida a nuestro Quijote y nuestra Dulcinea, y ya seremos nosotros, nuestras almas solas y desnudas, ese fin de semana, y otros, y otros, y los muchos que nos queden para disfrutar juntos…
Aun así, siempre se dice que el Cielo debe esperar… pero por una vez ya conocemos las fechas en las que, uno a cada lado, se enfrente a las puertas de su Cielo, se abran y pase a ser solo un Cielo, como siempre un cielo azul, brillante, hermoso, en el que brille el Sol…
De este modo comprenderemos que merecerá la pena esperar y que incluso la espera nos vendrá mejor de lo que creemos, porque como dice el poeta en ese instante podremos “renacer con un beso, con un hola y un regreso”.
Porque nuestros sueños tienen marcada una fecha de caducidad en la que llegarán a su fin, no para desaparecer, sino para cumplirse.
Alonso
14 de marzo de 2011

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