miércoles, 1 de junio de 2011

Números (Hoy II parte)

Los números…
Los números como tú bien dices no tienen nada de especial. Son solo cifras, solo trazos en un papel. A veces son incluso problemas que resolver escritos en un libro de matemáticas.
Sin embargo, los números forman parte de nuestra vida: nos identifican, nos describen, son los que nos hacen envejecer cuando contando las velitas en una tarta vemos que hay una más,… E incluso hay números a los que la cultura y la sociedad sí les ha querido dar un significado: de ahí que 1 + 1 siempre sean dos, que 3 son las personas de la Trinidad o los mosqueteros, 4 los Evangelistas como 4 son las Estaciones del año, o por ejemplo el 7 es el número de la suerte porque 7 son las notas musicales aunque también sean 7 los Pecados, del mismo modo que en culturas orientales sea el 8 el número afortunado que sin embargo para nosotros es la eternidad porque 8 al revés se transforma en un lazo infinito. Más adelante llegarán el 10, para algunos la perfección; el 12, como 12 son los meses del año o los apóstoles; el 13 que para muchos invoca mala suerte, y ¿el 14?
El 14 quizás no tenga gran significado de por sí. Sin embargo unido al 2 marca para algunos el día en el que celebrar y agradecer el amor, pobres de ellos que no saben que el amor se debe disfrutar los 365 días del año por igual…
Aun así, para mí el 14 es un número especial. De hecho si te fijas 1 + 4 da como resultado mi número favorito (sí, es una pequeñez, pero es de esas típicas preguntas que se hace cuando estás conociendo a alguien). Pero sobre todo lo es porque el 14 marca una fecha en el calendario de mis recuerdos. Y es que un día 14 como hoy, un día cualquiera en el mundo, pero de hace 3 meses me asomé a una ventana para quedarme prendado de lo que tras ella se escondía.
Desde entonces no solo aun sigue amaneciendo gratis, sino que cada día que amanece lo contemplo como un regalo y agradezco cada segundo que puedo pasar contigo porque son los momentos en los que puedo decir que toca ser feliz.
Todavía recuerdo aquellos primeros días de conocerte cuando ya definíamos esto con una palabra: locura. Una locura de febrero que poco a poco se empezó a convertir en esa magia sin trucos ni magos de oz, pero magia al fin y al cabo porque éramos incapaces de explicarnos por qué empezábamos tan pronto a sentir lo que sentíamos, pero al ver que el peso de nuestras almas se iba empequeñeciendo hasta el punto de poder volar, decidimos ir a donde el corazón nos llevase, buscando con el sol el final de un camino ya fuera a las puertas del cielo, del infierno o simplemente en una estación sin voz. Un rincón donde disfrutar de los sentidos al fin y al cabo. Eran momentos de sonrisas, sonrisas a veces un poco raras, pero sonrisas que no cuestan nada y valen mucho, porque solo una sonrisa es capaz de conquistar mucho más. Fueron días de ser feliz entre las alas de un ángel, ser felices como sellamos en aquel pacto, y estar siempre ahí, para que pudieses contar conmigo.
Pero como en todas las historias, sería desear cosas imposibles que no hubiera momentos malos. Los ha habido también, momentos en los que buscar y pedir el perdón, momentos de luchar, primero fueron simples molinos de viento, miedos y sueños que me hicieron ver las lágrimas de un ángel pero que el viento pareció llevarse dejando lo bueno. Aun así siguieron quedando demonios, mis demonios más poderosos que me quisieron apartar de ti, demonios que durmieron mi voz por momentos encerrándome en su costa de silencio. Fueron noches tristes en las que incluso llegué a pensar que te tendría que decir adiós, días en los que creí perderte y juré buscarte hasta encontrarte, pero no hizo falta, tu seguías ahí.
Ha pasado el tiempo y desde entonces lágrimas y sonrisas, sueños y pesadillas, cielo e infierno se han mezclado en esta historia, escrita a pesar de que haya quien ha querido torcer sus renglones inútilmente, porque la hemos ido escribiendo solo para nosotros, para nadie más. Quien la quiera entender que lo haga, pero sobren preguntas.
Quizás 14/02 solo sea una fecha, quizás en muchas vidas solo sea un día cualquiera, tal vez hubiera dado igual que hubiera sido 29, 27 o 6, al fin y al cabo lo importante no era la fecha. Pero casi como tú me dijiste, las fechas son como páginas de nuestra vida en las que solo importan las que hemos leído y las que estamos leyendo, las que forman parte del recuerdo y las que marcan el presente, y querer avanzar sería saltarse páginas importantes que puedan hacer que nos perdamos gran parte de la historia.
Hoy es 14 de mayo. Sería un día cualquiera si no fuera porque hace tres meses conocí mi felicidad.
Gracias por este tiempo y el que nos quede.

Alonso
14 de mayo de 2011

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