Me alaga que digas que cada día pongo un rayo de sol en tu vida, pero ¿te has parado a pensar qué sería del sol si no tuviera nada que iluminar? ¿Qué serían los amaneceres si no tuvieran quien los viera?
Por eso si para ti soy un sol, tú para mi eres mucho más, porque eres a quien tengo el placer de iluminar, eres la única que es capaz de dejarme eclipsado con una sonrisa y de hacer que mi existencia tenga una razón más de ser.
Porque si soy el sol y amaneciera sin ti, ¿qué podría hacer yo? ¿Qué sería de mí? Quedaría triste, sin saber de tu sonrisa, sin poder hacer evaporar tus lágrimas al calor de un abrazo o sin poder quedarme escondido junto a ti en la noche mientras son las estrellas las que nos iluminen...
¿No será entonces que eres tú quien me da esa luz, o que tal vez la estemos compartiendo? Tal vez en esa estación nos demos cuenta de que es así y cuando nos unamos en ese abrazo nos demos cuenta de que más bien somos dos mitades de un sol cuya luz quedó repartida en dos mitades que se esperaban encontrar la una a la otra a la luz de la Luna, para luego, con el amanecer dar juntos la luz que ilumine todo un día de primavera.
Alonso
1 de abril de 2011

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