viernes, 9 de noviembre de 2012

El Príncipe de la Dulce Pena (Epílogo)








Cuenta la historia que desaparecido este olvidado reino, nuestra protagonista, Dulcinea, regresó sin saber cómo, movida por una extraña atracción, a estas tierras.
En el amanecer del día de su 22 cumpleaños, un 9 de noviembre, se dice que paseando ella junto a un pedregoso camino, a través de una vieja y olvidada ventana vino a fijarse en una hermosa tumba de mármol blanco con un ángel llorando, y que a pesar de su aspecto descuidado y cubierto de vegetación y musgo, sobre su lápida reposaba un papel de un color blanco inmaculado con tinta fresca como recién escrito, y sobre este una hermosa rosa de color negro.
La carta, ante su sorpresa, decía lo siguiente:

“Querida Dulcinea:

Tal vez tú ya no te acuerdes de mí, pero quiero que sepas que los pocos días de vida que tuve yo siempre te tuve presente.
Y aunque tal vez no llegues a saber quien te escribe. Solo quería decirte que por mucho que digan que el mal ha triunfado, por mucho que pienses que el mal pueda vencer, nada de eso es cierto.
Tal vez yo te perdí para siempre y eso me trajo hasta aquí, pero quiero que sepas, querida mía, que aun si lo hubiera sabido lo hubiera vuelto a hacer, porque solo verte sonreír con tu nueva vida y tu nuevo amor hace que merezca la pena cualquier sacrificio, aunque fuera la vida, porque qué sería de mi vida, de que me serviría si no te viera feliz.
 Un día te prometí que te haría feliz, costara lo que me costara, y así ha sido. Ese fue mi último deseo y ese será mi último regalo, mi último y eterno regalo como muestra de mi amor.

Feliz cumpleaños princesa.

Desde mi cielo te esperaré escribiendo. Siempre te querré, siempre te amaré, siempre tuyo…

Alonso
El Príncipe de la Dulce Pena”


FIN


Finalizado en la madrugada, casi amanecida 
del 9 de noviembre de 2012, 
día del 22 cumpleaños de Dulcinea.
Feliz cumpleaños mi cielo

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