Ya van quedando pocos días con esa cita ineludible con ese febrero. Ya estamos de carnavales, pero, ay mi Dulcinea, es carnavales en todos lados menos en mi corazón, y cuando antes latía a son de caja y bombo con la alegría de una chirigota, hoy suena como el triste punteao del más triste llando del más triste pasodoble de comparsa.
Hoy, que ya son carnavales, que febrero me apunta con sus recuerdos para matarme esta vez, que debería ser la fiesta de la alegría, tal vez no tenga motivos para celebrar nada. Me faltan fuerzas para escribir y mi pluma está yerma de tinta y solo con lágrimas no puede escribir porque las lágrimas sobre el papel no valen nada si no tiene quien las pueda leer.
Y como siempre, en estos momentos debo tirar de la poesía de otro para describir cómo me siento:
Hoy te he mirado bien y he sentido
esa pasión interminable que es quererte
pero no he sido correspondido
que tus ojillos no han querido ni verme.
Y me siento perdido, yo que tengo de todo
si me faltan tus giros me encuentro tan solo
se que todo ha cambiado se que ya no es lo mismo
pero es que eras tan mía y sin más te he perdido.
Y se que hubo un tiempo el que ahora maldigo,
que no fui el hombre que tú has merecido.
¿A dónde irán los besos que me quedan para darte?
¿A dónde irán las charlas y los cafés de media tarde?
¿Con quién compartiré mesa y mantel si no es contigo?
Que triste se ha quedao este rincón del paraíso.
Dicen que amores que matan,
dicen que son para siempre,
y eso tiene que ser verdad,
porque a mí me estás matando.
Ay, yo no quiero estar vivo
si te tengo que olvidar.
Qué más da ya lo que hablemos,
qué importa ya nuestra suerte,
tengo clavada una espina
y estoy herido de muerte
que por mi culpa culpita
se que tú ya no me quieres.
esa pasión interminable que es quererte
pero no he sido correspondido
que tus ojillos no han querido ni verme.
Y me siento perdido, yo que tengo de todo
si me faltan tus giros me encuentro tan solo
se que todo ha cambiado se que ya no es lo mismo
pero es que eras tan mía y sin más te he perdido.
Y se que hubo un tiempo el que ahora maldigo,
que no fui el hombre que tú has merecido.
¿A dónde irán los besos que me quedan para darte?
¿A dónde irán las charlas y los cafés de media tarde?
¿Con quién compartiré mesa y mantel si no es contigo?
Que triste se ha quedao este rincón del paraíso.
Dicen que amores que matan,
dicen que son para siempre,
y eso tiene que ser verdad,
porque a mí me estás matando.
Ay, yo no quiero estar vivo
si te tengo que olvidar.
Qué más da ya lo que hablemos,
qué importa ya nuestra suerte,
tengo clavada una espina
y estoy herido de muerte
que por mi culpa culpita
se que tú ya no me quieres.
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